Ver destrozarse las tazas de café
los trayectos
las rutinas
las llamadas
llevar a cuestas un batallón baleado de olvido
desangrando
dejando a su paso el hilo escarlata de la ruptura.
Sostener fuerte
las paredes del sótano
para que no se vengan abajo con el bombardeo de mentiras y verdades a destiempo
Acompañarse de soldados moribundos
suturarles los corazones rotos
decirles que ya los fusiles no sirven para nada.
Llamar la retirada
vencerse
huir
abandonar los tanques a la carrera
a ver si nos queda al menos
algún pedazo de alma
de tuétano
al que no le haya impactado una bala.
Buscar entre
los techos derrumbados
los campanarios con francotiradores ocultos
esperando hacerse héroes nacionales
entre los puentes incompletos
el camino a casa
Y recordar
que no sólo invadimos
sino que también fuimos invadidos
nuestras capitales
nuestras camas
también ardieron
somos invasores invadidos
escombro de hielo ardiendo a la intemperie
un sótano empolvado y oscuro
resentido de bombazos
un camino extraño de regreso a casa
de almenaras apagadas
de catedrales sin peregrinos
somos invasores invadidos.
Pagamos el precio de amar
con el fusil a cuestas
con un ejército de hombres moscas
sedientos
de su nariz
sus ojos y sus aromas
de su carne
de sus dientes
Somos invasores invadidos
pagamos el precio de la guerra
de esa curiosa y extraña actividad de aventurarse en naciones imaginarias cubiertos de estandartes solemnes
fuimos invasores pero también fuimos invadidos.