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miércoles, 7 de diciembre de 2011

Las diez y dos

Está todo tan callado que puedo escuchar mi propia respiración. Está todo tan quieto y tan calmado que siento las vibraciones de esa desconocida taquicardia que me da por las noches recorrer mi pecho y trepar por mi garganta. Son las diez, aún siento el fresco del baño de agua fría por el cuerpo. Escucho, apenas escucho la música que dejé puesta en la radio. No está lo suficientemente alta como para romper la paz, al contrario, parece estar en sincronía con el silencio porque es sólo un susurro, pero la cadencia de ese susurro, la delata. Es una canción de amor. Mi mirada está fija, ahí, en el techo blanco. Aunque me ciega la luz amarilla de la bombilla no me muevo. Enciendo un cigarrillo. Inhalo. Siento en el pecho ansiedad, una gran y amarga ansiedad, de esa ansiedad que no sabemos cómo curar. Siquiera sabemos porque nos da. Exhalo. Puede ser, por ejemplo, la típica sensación de culpa que sucede a la autosatisfacción, esa que termina por convertirla en autoflagelación más bien. Quizá sea eso. Quizá sea que te extraño y la maldita canción de amor suena en el fondo. Esto último es más una costumbre. Quizá sea que siento mi mente bloqueada, cerrada. Como rodeado de una existencia acuosa, y me convierto en una piedra, que no importa cuánto tiempo esté sumergida en la realidad, está seca por dentro. Puede que sea eso. Más bien, es cómo si el tiempo se hubiese detenido. Mi tiempo al menos, no el del resto del mundo.  ¡Ya sé! El tiempo sigue andando. Inhalo. Lo sé por el humo del cigarro. Ahí está, luciendo una falsa densidad. Dibujando figuras macabras. Eso y mi taquicardia. Exhalo. Quedé atrapado, sí. Estoy en un lugar entre la realidad y lo que sea que sigue después. Creo que esto, no soy más que yo observándome a mí mismo desde ese lugar remoto –quizá me fui al olvido un rato, ¡no! Está muy sólo-, mi cuerpo claro, sigue donde debe estar. Yo me observo y pienso: “Estoy fumando, inhalo y exhalo. Siento ansiedad y no sé porqué”, y su a vez, me veo verme y me veo pensar “Estoy fumando, inhalo y exhalo. Siento ansiedad y no sé porqué”. Como si me viera verme en un espejo y me repitiera infinitas veces, atrapado. Inhalo. El reloj da las diez con diez. Pienso que diez minutos conmigo mismo ha sido demasiado tiempo. Exhalo. Extendí mi mano para buscarte. No encontré nada. Debí olvidar, entre espejos y espejos que no estabas. Desperté. Soñaba. Sentí alivio. Eran las diez y dos. La colilla expedía inerte en el cenicero sus últimas danzas.  Extendí mi mano para buscarte. No encontré nada. La canción sigue ahí.

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