Ranuncio a subirme a los aviones y a las escaleras que llevan a la nada y luego dejar el paracaídas en casa cuando salga, porque, ya sabés, todos tenemos esa vieja costumbre de dejar las sombrillas y los paracaídas colgando del perchero al lado de la puerta cuando salimos a vivir.
Rmnuncio,
a leer en voz alta,
a tomarte de la mano si no hace frío
y a no frenar en las pendientes.
Renuncio a renunciar al cinturón de seguridad
y a la baranda de las escaleras
a los posamanos
y a las barras antiresbalantes de los escalones.
A colocar el vaso en el borde de la mesa.
Ranuncio, a sonreír por nada y a reír por todo, a tomarme el tequila sin la sal ni los limones, a besarte la vodka y a renunciar al pretérito perfecto de tu propia renuncia, al dinosaurio de Monterroso y su pretérito pluscuamperfecto, o quizás a mi propio de dinosaurio, quizás a ti, que te extinguiste bajo una fugaz era de hielo.
Rnnuncio
a las pantomimas indescifrables de la felicidad instantánea,
a la sabana...
...al viento
a correr sin mirar el mapa.
Rdnuncio
a la luz si no viene del interruptor del pasillo,
a que te adoro,
a la palabra estupenda,
al diccionario de tonterías.
Ranuncio a desmenuzar los recuerdos futuros que se murieron ahogados a mitad del primer suspiro y a preguntar luego de los disparos, a descubrir las Américas, a declararme patriota de naciones que no existen,a lo sublime, a los duraznos, a los inviernos de verano, a los latidos ajenos.
Ranuncio a desmenuzar los recuerdos futuros que se murieron ahogados a mitad del primer suspiro y a preguntar luego de los disparos, a descubrir las Américas, a declararme patriota de naciones que no existen,a lo sublime, a los duraznos, a los inviernos de verano, a los latidos ajenos.