Y quise preguntarte cómo te va, y esperarte para comer. No tanto como el ser acostumbrado, ese que actúa bajo los efectos de la inerte rutina, sino como ese qua quiere acostumbrarse a. Y me pregunte, ¿a ella le habrá pasado lo mismo?.
En vano también, -como el día en que te conocí, o màs bien, que nos vimos por primera vez- traté de buscarte con la mirada por todos lados, sienpre alerta, siempre examinando, ojos y oidos despiertos por si la casualidad apremiaba una vez más. Y como en todos los casos anteriores, me pregunté ¿será que ella me busca también? Y a ratos desee retroceder, y vivir una pausa sempiterna, vivir un paralelismo lleno de ti donde solo importa que te adoro, donde solo importa que nuestros labios se muerden, y que nuestras pieles se erizan de miradas y suspiros, no como en la fatua dealidad, donde un sinfin de factores grises nos destiñen los colores de las miradas y nos alebrestan los vientos. Y me pregunté ¿será que ella quiere retroceder y pausar? Y caigo, de nuevo, en la vanidad de los intentos. Pues ni las pausas son perennes ni conozco aun el primer reloj que camine en una dirección que no sea hacia adelante.Pero, ¿para qué quiere uno relojes si no importa el tiempo? Si contigo el reloj se desarmaba, era cuando mucho, poco uniforme el andar; cuando coincidiamos largas horas se nos rasumian en segundos intangibles casi y en cambio, al dejar de respirar tu mismo aire, de palparte, y estar, al otro lado de la ciudad, el reloj se dilataba, se hacia pesado y los segundos parecían horas. Y entonces, me pregunté ¿cómo habrá pasado su tiempo hoy, cómo horas de segundos o cómo segundos de horas?
Y así se me fue el día. En horas de segundos. En plazas. En besos. En multitudes. En ficciones. En preguntas tontas.
Nisiquiera tuve la suerte de no saberme tu dirección para no enviarte esta carta, que para colmo, sólo la vi una vez, sin vislumbrarla mucho. Simplemente estaba allí, en el inconsciente donde usualmente todo se me hace inalcanzable. Excepto esta vez.
Me gusto como escribes, todo está cargado de mucho sentimiento. Muy entretenido de verdad.
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