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miércoles, 23 de abril de 2014

Chuito la Cosa y el Dinero.

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Mi tio Humberto siempre dice que el diablo sabe más por viejo que por diablo y yo pensé que entonces era demasiado diablito porque sabía muy poquito, y eso explicaba porque Alejandra, o sea mi mami, vivía regañandome. Un día la profesora llevó a sus dos hijos pequeños a la clase, apenas caminaban y todavía llevaban la chupa en la boca y nos pidió saludarlos, a lo que yo le contesté que no tenía sentido porque eran un par de diablos que sabían muy poquito. Como que no le gustó y terminé en la oficina de la directora; como que mi tío Humberto es más diablo que viejo, pero bueno, qué regaño que me dieron.


Mi mamá, o sea Alejandra, trabaja mucho y muy duro, según me dice mi tía  Sofía que siempre me cuenta lo buena que es mi mami y lo malo que era mi papá. Alejandra se para a las cinco todos los días para hacerme el desayuno y las meriendas para el cole y cuando está todo listo me para de la cama a las 6 aeme, como dicen ellos; por cierto nunca entiendo todo el asunto con el reloj, sólo sé que si son las seis y tienes sueño entonces son las seis aeme y si son las seis y puedo ver tv son las seis peeme. En fin, a las seis y media aeme ya estamos saliendo y a las siete me está dejando en el colegio, luego de eso no la vuelvo a ver más hasta que llega cansada por la noche a hacerme la cena, mandarme a la cama sin leerme un cuento y hablar muchísimo por el celular. No tenemos mucho tiempo para hablar porque no me gusta fastidiarla, debe estar muy cansada si trabaja tanto como dice mi tía Sofía y además a veces le da el estrés, pero no entiendo bien, el tio Humberto dice que en este país la gente trabaja mucho para nada o para que en la calle te quiten lo poco que tienes, así que de pronto debería trabajar un poco menos y llevarme más al parque.


A veces termino molestando sin querer a Alejandra, osea mi mami; la semana pasada volvieron a llevarme a la dirección pero no se asusten que esta vez no golpeé a Pablito, ah que duro que le di lo hubiesen visto, pero ya está bien, no se ha vuelto a meter conmigo, de hecho Pablito ahora es como mi amiguito. El día antes de que me llevaran con la dire prendí el televisor a las seis peeme para ver un poco de cartun netguors pero estaba en el canal de noticias, ese que mi tío Humberto dice que vuelve loca a la gente, y que mi tía Sofia está viendo siempre que voy a su casa, saben el del globito. Escuché que entrevistaban a una señora, en verdad a varias señoras que iban a caminando por la calle y todas dijeron que “la cosa estaba difícil” y que el dinero no les alcanzaba. Yo, que soy muy diablo no sé ni qué es la cosa ni qué es el dinero, pero siempre escucho a los adultos decir que esperan que “la cosa mejore” o que “la cosa va a estar pelua el año que viene” y me confundo, ahora la cosa  no sólo esta mal y tiene que mejorar sino que tiene pelos, y también andan quejándose sobre el dinero todo el tiempo, imaginense debe ser que no tener dinero es como tener un dolor muy fuerte, a mi me duele la barriga a veces y no lo digo por la televisión. Como Alejandra, o sea mi mami, llegó muy tarde ese día y yo ya me había quedado dormido decidí preguntarle a Pablito el día siguiente acerca del dinero y la cosa, y así lo hice. En la hora del recreo cuando estábamos jugando a las canicas le pregunté. Pablito me dijo que el dinero era algo que uno le daba a la gente a cambio de algo que ellos tuvieran y uno quisiese, es decir, que si queríamos algo de alguien lo cambiábamos por dinero y que la cosa era simplemente el humor de los adultos, si tenían dinero entonces estaban felices y la cosa estaba bien. Pensé que después de todo Pablito no era tan diablo como yo creía y luego de que aprendí me sentí un poco más viejo, que bueno mi amiguito Pablito pero qué duro que le di.


Más tarde no entendí nada nadita de lo que pasó, una niña de tercero más grande que yo se me acercó al final del recreo y me dijo que era lindo, no sabía qué hacer, qué rojo que me puse eh, como la quetchup y luego dijo que quería darme un beso. En ese momento respiré tranquilo y pensé qué suerte que tuve eh,de que Pablito me enseñara qué era el dinero, pues le dije a la niña que no podía besarla porque no tenía dinero que darle a cambio y ahí mismito que terminé de hablar PAMMMMM me propinó una cachetada que casi me deja mirándome a la espalda y se fue corriendo, esto debe ser lo que dice mi tío Humberto que los adultos llaman elcarman, que cuando haces una cosa la vida te la devuelve, pero no fue fue la vida sino la que qué duro, qué duro que le di a Pablito. Así fue como terminé de nuevo en la dirección cuando unos minutos después regresó la chica enfúrica con su profesora y preguntando por mi.

Con razón los adultos dicen que la cosa está siempre mal, y es que si no tienes dinero qué duro que te dan. Qué loco.

Chuito y el bombero boxeador que usa zapatos de cuero

 
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Estábamos como a tres cuadras del colegio y durante el recorrido mi mami había estado callada y se veía que estaba molesta. Hasta que por fin empezó a hablar y a preguntar cómo era posible, que si eso era lo que me había enseñado, qué vergüenza, decía, no vas a ver TV en todo el fin de semana, decía, ya no iremos a la playa con tu tía Sofía y así iba hasta que se le agotaban las maneras de castigarme. Mi mami era así cuando estaba molesta y decía muchas cosas, mi tío Humberto dice que eso le pasa a toda la gente grande cuando tienen muchas cosas en la cabeza y las dicen sin pensar porque sentían algo que el llama el estrés. El estrés es lo que los adultos sienten cuando quieren hacer más cosas de las que pueden, mi mami está siempre trabajando y siempre tiene que cuidarme y debe ser por eso que le da el estrés, porque debe ser difícil ser mi mami y trabajar al mismo tiempo. El tío Humberto me dijo que si a mi mami le daba el estrés me calmara y hablara como un adulto y que eso iba a ayudar a que el estrés se le fuera. Así que le dije «Alejandra, deja el estrés. No estás pensando lo que dices» porque los adultos no dicen ni papi ni mami sino que llaman a la gente por su nombre, pero parece que no resultó, Alejandra, osea, mi mami, me mandó a callar y me pidió que le explicara exactamente lo que había pasado, yo le dije que si me callaba no podía explicárselo y me gritó que terminara de explicarle.
Así que les cuento. Cuando aún no terminaba de hacer mi muñeco de plastilina sonó la campana y todos los niños empezaron a pararse para ir al patio del recreo. Yo era el único que no había terminado su muñeco y me sentía mal, los demás chicos habían hecho unos papás gigantes de plastilina y hasta les había dado tiempo de construirse ellos mismos, más pequeños, tomados de la mano de su papá. La maestra nos había pedido hacer unos muñecos que se pareciesen a nuestro papi y luego poder regalárselos el día del papi. A mí me costó mucho empezar, digo, mi mami, o sea Alejandra, dice que mi papá se fue de la casa cuando yo estaba muy pequeño y por eso no había escuchado acerca de él, y siempre que mi tía Sofía estaba presente me decía que  no me había perdido de nada porque ese señor era un mentiroso. Mi mamá me dijo una vez que era bombero, pero mi tía Sofía me dijo que mi papi no trabajaba y nunca hacía nada, así que no me decidía entre empezar con unas botas de bombero o ponerle zapatos de gente que no trabaja, y como mi mami dice que los políticos que salen en el televisor no trabajan, terminé poniéndole unos zapatos de esos que brillan mucho porque se pulen todas las mañanas, como los que usa el señor del bigote en la televisión.
Para cuando terminé los zapatos empecé a recordar que mi tío Humberto me había dicho que mi papi jugaba al fútbol los domingos, así que quizá era un gran futbolista y estaba muy ocupado, y por eso tuvo que irse de la casa y para que mi mami no se molestara le mintió, como dijo mi tía Sofía. Así fue cómo decidí qué pantalones usaría y le puse los pantaloncillos del Caracas FC, aunque no sé si mi papi le iba al Caracas FC o jugaba en el Caracas FC, pero como a todo el mundo le gusta imaginé que a mi papi también le gustaba. En ese momento sonó la campana y todos los niños comenzaron a pararse a para ir al recreo.
Cuando llegué al patio pasaron unos minutos o unos segundos, no sé. Humberto, o sea, mi tío, dice que el tiempo a veces pasa lento y a veces pasa rápido según nos estemos divirtiendo o no, y como yo me estaba divirtiendo mucho en el columpio me imagino que pasaron unos segundos. La cosa es que cuando estaba en el patio del recreo, en el columpio y pasaron unos segundos venía la profesora con mala cara a buscarme y me tomó fuerte de la mano y me jaló, llevándome a cuestas. Supe que estaba molesta porque cuando al fin me soltó tenía la manito roja y lo hizo justo en frente de la puerta de la dirección del colegio.
Ah, pero es que justo cuando terminé de hacer los pantaloncillos de mi papi y sonó la campana, me quedé sentado pensando en que quería terminar mi muñeco, como todos los demás, y la maestra se me acercó y me pidió que fuera al patio y salió del salón. Pero en eso, vino Pablito, se me acercó y tumbó lo poco que había terminado de mi muñeco y me puse muy bravo, o cómo diría Humberto, o sea, mi tío, enfúrico. Y le pregunté que porqué lo había hecho, y me dijo que no me preocupara, que de todas formas no tenía papi a quién regalárselo el día del padre.


Y le propiné un derechaso en el ojo, y le dije que mi papá había sido boxeador, y me había enseñado a golpear a los niños que se metieran conmigo. Pablito quedó tendido en el piso del salón y yo fui a columpiarme al patio del recreo.


Ya saben el fin de la historia, y bueno, Alejandra, o sea, mi mami, no habló más nada el resto del camino luego de que se la conté. Incluso me dejó ver el TV y fuimos a la playa con la tía Sofía.