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Estábamos como a tres cuadras del colegio y durante el recorrido mi mami había estado callada y se veía que estaba molesta. Hasta que por fin empezó a hablar y a preguntar cómo era posible, que si eso era lo que me había enseñado, qué vergüenza, decía, no vas a ver TV en todo el fin de semana, decía, ya no iremos a la playa con tu tía Sofía y así iba hasta que se le agotaban las maneras de castigarme. Mi mami era así cuando estaba molesta y decía muchas cosas, mi tío Humberto dice que eso le pasa a toda la gente grande cuando tienen muchas cosas en la cabeza y las dicen sin pensar porque sentían algo que el llama el estrés. El estrés es lo que los adultos sienten cuando quieren hacer más cosas de las que pueden, mi mami está siempre trabajando y siempre tiene que cuidarme y debe ser por eso que le da el estrés, porque debe ser difícil ser mi mami y trabajar al mismo tiempo. El tío Humberto me dijo que si a mi mami le daba el estrés me calmara y hablara como un adulto y que eso iba a ayudar a que el estrés se le fuera. Así que le dije «Alejandra, deja el estrés. No estás pensando lo que dices» porque los adultos no dicen ni papi ni mami sino que llaman a la gente por su nombre, pero parece que no resultó, Alejandra, osea, mi mami, me mandó a callar y me pidió que le explicara exactamente lo que había pasado, yo le dije que si me callaba no podía explicárselo y me gritó que terminara de explicarle.
Así que les cuento. Cuando aún no terminaba de hacer mi muñeco de plastilina sonó la campana y todos los niños empezaron a pararse para ir al patio del recreo. Yo era el único que no había terminado su muñeco y me sentía mal, los demás chicos habían hecho unos papás gigantes de plastilina y hasta les había dado tiempo de construirse ellos mismos, más pequeños, tomados de la mano de su papá. La maestra nos había pedido hacer unos muñecos que se pareciesen a nuestro papi y luego poder regalárselos el día del papi. A mí me costó mucho empezar, digo, mi mami, o sea Alejandra, dice que mi papá se fue de la casa cuando yo estaba muy pequeño y por eso no había escuchado acerca de él, y siempre que mi tía Sofía estaba presente me decía que no me había perdido de nada porque ese señor era un mentiroso. Mi mamá me dijo una vez que era bombero, pero mi tía Sofía me dijo que mi papi no trabajaba y nunca hacía nada, así que no me decidía entre empezar con unas botas de bombero o ponerle zapatos de gente que no trabaja, y como mi mami dice que los políticos que salen en el televisor no trabajan, terminé poniéndole unos zapatos de esos que brillan mucho porque se pulen todas las mañanas, como los que usa el señor del bigote en la televisión.
Para cuando terminé los zapatos empecé a recordar que mi tío Humberto me había dicho que mi papi jugaba al fútbol los domingos, así que quizá era un gran futbolista y estaba muy ocupado, y por eso tuvo que irse de la casa y para que mi mami no se molestara le mintió, como dijo mi tía Sofía. Así fue cómo decidí qué pantalones usaría y le puse los pantaloncillos del Caracas FC, aunque no sé si mi papi le iba al Caracas FC o jugaba en el Caracas FC, pero como a todo el mundo le gusta imaginé que a mi papi también le gustaba. En ese momento sonó la campana y todos los niños comenzaron a pararse a para ir al recreo.
Cuando llegué al patio pasaron unos minutos o unos segundos, no sé. Humberto, o sea, mi tío, dice que el tiempo a veces pasa lento y a veces pasa rápido según nos estemos divirtiendo o no, y como yo me estaba divirtiendo mucho en el columpio me imagino que pasaron unos segundos. La cosa es que cuando estaba en el patio del recreo, en el columpio y pasaron unos segundos venía la profesora con mala cara a buscarme y me tomó fuerte de la mano y me jaló, llevándome a cuestas. Supe que estaba molesta porque cuando al fin me soltó tenía la manito roja y lo hizo justo en frente de la puerta de la dirección del colegio.
Ah, pero es que justo cuando terminé de hacer los pantaloncillos de mi papi y sonó la campana, me quedé sentado pensando en que quería terminar mi muñeco, como todos los demás, y la maestra se me acercó y me pidió que fuera al patio y salió del salón. Pero en eso, vino Pablito, se me acercó y tumbó lo poco que había terminado de mi muñeco y me puse muy bravo, o cómo diría Humberto, o sea, mi tío, enfúrico. Y le pregunté que porqué lo había hecho, y me dijo que no me preocupara, que de todas formas no tenía papi a quién regalárselo el día del padre.
Y le propiné un derechaso en el ojo, y le dije que mi papá había sido boxeador, y me había enseñado a golpear a los niños que se metieran conmigo. Pablito quedó tendido en el piso del salón y yo fui a columpiarme al patio del recreo.
Ya saben el fin de la historia, y bueno, Alejandra, o sea, mi mami, no habló más nada el resto del camino luego de que se la conté. Incluso me dejó ver el TV y fuimos a la playa con la tía Sofía.
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