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domingo, 17 de mayo de 2015

Invasores


Ver destrozarse las tazas de café
los trayectos
las rutinas
las llamadas
llevar a cuestas un batallón baleado de olvido
desangrando
dejando a su paso el hilo escarlata de la ruptura.

Sostener fuerte
las paredes del sótano
para que no se vengan abajo con el bombardeo de mentiras y verdades a destiempo

Acompañarse de soldados moribundos
suturarles los corazones rotos
decirles que ya los fusiles no sirven para nada.

Llamar la retirada
vencerse
huir
abandonar los tanques a la carrera
a ver si nos queda al menos
algún pedazo de alma
de tuétano
al que no le haya impactado una bala.

Buscar entre
los techos derrumbados
los campanarios con francotiradores ocultos
esperando hacerse héroes nacionales
entre los puentes incompletos
el camino a casa
Y recordar
que no sólo invadimos
sino que también fuimos invadidos
nuestras capitales
nuestras camas
también ardieron
somos invasores invadidos
escombro de hielo ardiendo a la intemperie
un sótano empolvado y oscuro
resentido de bombazos
un camino extraño de regreso a casa
de almenaras apagadas
de catedrales sin peregrinos
somos invasores invadidos.

Pagamos el precio de amar
con el fusil a cuestas
con un ejército de hombres moscas
sedientos
de su nariz
sus ojos y sus aromas
de su carne
de sus dientes
Somos invasores invadidos
pagamos el precio de la guerra
de esa curiosa y extraña actividad de aventurarse en naciones imaginarias cubiertos de estandartes solemnes

fuimos invasores pero también fuimos invadidos.

sábado, 9 de mayo de 2015

Balas Perdidas

Después de la guerra
quedan fronteras agujereadas
ciudades o más bien habitaciones destruidas


Le toca a una imposible diplomacia derogar gritos de auxilio
reconstruir de a poco las ciudadelas enemigas
desprender la otra bandera de los propios himnos
expulsar su rastro de todos los ministerios


Intercambiarse los muertos
los heridos
los libros prestados
olvidar las canciones de soldados asustados


Quedan las liturgias
el armisticio
la renuncia
rematar a algún herido sin remedio
enviarlo a casa envuelto en solemnidades inútiles


Queda encontrarse balas perdidas en el desayuno
entre el azúcar y los cereales
utilizar
los cascos ensangrentados de los hombres mosca
para sembrar golondrinas


Queda darle
una moneda de oro saqueado

al Caronte de la barcaza del olvido

jueves, 7 de mayo de 2015

Herido de desguerra



Cuando llega a la casa se enfrenta al tragicómico ectoplasma del perfume de ella en sus manos
como recordatorio
de que se libró una batalla sin armas
sin rendiciones
y sin disparos
dónde el herido ha sido usted
herido de desguerra

Le persigue el fantasma etéreo de su colonia
y en el último campo de batalla
usted
el caballero de la armadura no-tan-plateada
renuncia a las pataletas de ahogado
y los culatazos en la oscuridad
y cierra el grifo del lavabo
porque en el fondo sabe
que quiere irse a la cama con el perfume de ella en sus manos
                con el aroma de la guerra
la guerra perdida

como se supone que debe oler la derrota