Cuando llega a la casa se enfrenta al tragicómico ectoplasma del
perfume de ella en sus manos
como recordatorio
de que se libró una batalla sin armas
sin
rendiciones
y
sin disparos
dónde el herido ha sido usted
herido
de desguerra
Le persigue el fantasma etéreo de su colonia
y en el último campo de batalla
usted
el
caballero de la armadura no-tan-plateada
renuncia
a las pataletas de ahogado
y
los culatazos en la oscuridad
y
cierra el grifo del lavabo
porque en el fondo sabe
que quiere irse a la cama con el perfume de ella en
sus manos
con el aroma de
la guerra
la guerra perdida
como
se supone que debe oler la derrota
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