En este lenguaje de amor y guerra,
como una tropa de invasión diurna me cuelo en tus muñecas
y te circundo
justo en ese minúsculo espacio de la existencia dónde tu cuerpo es éter
y se respira
Abusando de las bondades de los armisticios
me paro en la punta de tu nariz como una mosca que observa el infinito
y te miro
como si todo lo que existiese en el mundo fueran tus mejillas coloradas
banderas de la nación enemiga
Y le ruego al señor de todas las moscas
que una molestia providencial no te haga volarme los sesos de un manotazo
o me haga salir volando llamando a la retirada
Y continúo la invasión
Y continúo la invasión
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