Millones de visitas

¿Tienes cuenta de twitter? !Sígueme!

sábado, 3 de agosto de 2013

Divagación #1 (Mayo del 2009)

No soy escritor, filósofo y mucho menos poeta, aún así, mis dedos una que otra noche empiezan temblorosos a pedir que les dé rienda suelta ¿para escribir que? realmente ni yo lo sé, hasta que tomo el teclado y les doy la libertad que tanto anhelan. Pienso entonces en esa delgada linea, confusa confieso, que separa la sensación entre sentir que realmente estoy pensando las cosas que escribo o que simplemente van y vienen y siguen su curso -como el caudal de un río-. Creo que de vez en cuando se me ocurre una que otra cosa interesante y me da por cambiarle un poco la línea al asunto.

Hace calor, incómodo, no hay casi nada de viento y nadie interesante para hablar -cosa que es una desgracia mayor que la del mismo calor-, debe de ser por eso que se me antoja hablar conmigo mismo, para ver qué tengo que decir ¿Estaré loco? O quizás no tanto, pasamos tanto tiempo preocupados por las personas que nos rodean preguntándoles cómo están, tanto así que alguna vez se nos habrá ido el día entre detalle y detalle, entre querer ser lo mejor para los demás olvidándonos de que tal vez la manera mas fácil sea empezar siendo lo mejor para uno mismo. Claramente, imaginarse todo esto en el preciso momento en que el día transcurre es un poco difícil; no es sino en una noche calurosa como esta, cuando el tiempo se nos detiene que podemos sentarnos a preguntarnos ¿cómo estamos? ¿qué queremos? ¿aprendimos algo hoy? Y a veces con la excusa de dejar que todo fluya se nos olvida que no hay influencia más divina que la que nuestras palabras pueden ejercer sobre la vida misma, dándole la dirección que queramos, luchando por ella, claro que para eso hay que despertarse "teniendo los cojones" de saber qué carajo queremos, y no pensar que algún tipo de azar les dará el sentido y la dirección a nuestras vidas.

Es tan complicado todo, irónica o paradójicamente es simple también; es pensar, pensar, pensar y luego actuar, pero no puede uno esperar que todo el mundo lo haga. Soy el primero que lo apasiona el incierto, el ir a ciegas palpando paredes, descubriendo nuevos y efímeros universos, aventuras y sensaciones. Debería ser tan fácil como aprender de nuestros errores, pero a pesar de que los conocemos, seguimos cometiendo otros nuevos o peor aún seguimos cometiendo los mismos. Y en parte cometer nuevos errores tiene bastante sentido, con tanto ahí afuera por descubrir qué mejor manera que equivocándonos y llenándonos de barro, y entonces esa instrucción tan sencilla se vuelve complicada, aprender de nuestros errores, cuan difícil se vuelve cuando hayamos tanto placer en equivocarnos, en correr, tropezarnos, parando y sin pensar seguir corriendo, hasta que unos cuantos moretones en rodillas y codos nos devuelven la cabeza a nuestro lugar y circularmente volvemos a donde empezamos, al "qué sencillo es, sólo tenia que aprender de mis errores".

No quiero que parezca que tengo mucha experiencia, madurez ni ningún otro sinónimo o cualidad que se le pueda a asociar a estas, si supiera todo este rollo que están echando mis dedos en este instante cuántos problemas me hubiese ahorrado, así que seria una farsa atribuirme todo este conocimiento y filosofía a mi, son mis manos, esas torpes manos que tiemblan cuando les urge decirme algo, las que a lo largo del corto camino que he recorrido, las que han adquirido todo este conocimiento mientras he ido por ahí cayendo varias veces en el mismo hueco, haciendo una y otra vez lo mismo, esperando obtener resultados diferentes.

Y a pesar de esta constante necesidad de cambio, el sentir a veces (muy pocas) que crezco como persona, en el fondo, sigo siendo yo mismo, sigo olvidando preguntarle a mi yo interior qué carajos le pasa, no es posible que aún necesite de una noche calurosa, un buen libro y la ausencia de una fiel conversadora para empezar a buscar dentro de mi lo que tanto buscaba en ti... como lector, como mi amigo, como mi amor, como persona.

Antes de empezar a decir tonterías o imprudencias, y de declararme un hedonista egocéntrico, me despediré, ya la noche ha refrescado un poco més y ya me siento un poco mejor conmigo mismo.

Ser, ser y ser, antes del deber ser... La esencia no se vende

No hay comentarios:

Publicar un comentario